lunes, 21 de septiembre de 2026

Cerebro izquierdo o cerebro derecho: el mito que creen nueve de cada diez maestros

🧠 Cerebro izquierdo o cerebro derecho: el mito que creen nueve de cada diez maestros

⏱️ Tiempo de lectura: 12 minutos

Basado en el libro: Mente bilingüe. Neurociencia de la lectoescritura, de Andrés Marín-Palomar. Edición en español. Pronto en Amazon.

Based on the book: The Bilingual Mind. Neuroscience of Literacy, by Andrés Marín-Palomar. English edition. Coming soon on Amazon.

¿Te han dicho alguna vez que eres «de letras» porque tu hemisferio derecho manda? ¿Has hecho uno de esos tests que prometen revelar tu hemisferio dominante en dos minutos? ¿Has oído explicar las dificultades lectoras de un niño diciendo que «es muy de cerebro derecho»?

Si has contestado que sí a alguna de las tres, no eres una excepción. Eres la norma. Y eso es exactamente lo que hace que este neuromito sea tan difícil de desmontar: no circula por los márgenes, circula por el centro del sistema educativo.

En esta entrada vamos a hacer tres cosas. Primero, rastrear de dónde salió la idea, porque nació de ciencia buena. Segundo, revisar el estudio que la puso a prueba con mil personas y la dejó sin sustento. Y tercero (lo que de verdad importa en un aula o en una consulta de logopedia) traducir todo eso en decisiones concretas.

✴️ Dato curioso

En un estudio con 242 maestros de primaria y secundaria, el 91 % de los británicos y el 86 % de los neerlandeses dieron por buena esta afirmación: «las diferencias de dominancia hemisférica (cerebro izquierdo, cerebro derecho) ayudan a explicar las diferencias individuales entre los alumnos».

Lo más incómodo del estudio no es esa cifra, sino la siguiente: los maestros que más divulgación científica leían sacaban mejor nota en conocimientos generales sobre el cerebro… y a la vez creían más neuromitos, no menos. Leer mucha divulgación no vacuna contra el error; a veces lo inocula (Dekker et al., 2012).

🔍 1. Un origen real: el cerebro sí es asimétrico

¿Significa esto que todo lo que has oído es falso? No, y ahí está la trampa. Los mitos que más aguantan son los que nacen de una verdad y se estiran hasta romperse.

La asimetría cerebral existe, está bien documentada y se describió en el siglo XIX:

  • En 1861, el médico francés Paul Broca atendió a un paciente que comprendía todo, pero apenas lograba articular una sílaba. La autopsia mostró una lesión en el lóbulo frontal izquierdo.
  • Poco después, el neurólogo alemán Carl Wernicke describió el patrón inverso: pacientes que hablaban con fluidez y entonación normales, pero cuyas frases no significaban nada y que tampoco comprendían lo que se les decía. La lesión también estaba a la izquierda, aunque más atrás.
  • En los años sesenta, Roger Sperry y su discípulo Michael Gazzaniga estudiaron a los pacientes con «cerebro dividido»: personas con epilepsias gravísimas a las que se había seccionado el cuerpo calloso —el haz de fibras que comunica los dos hemisferios— para impedir que las crisis se propagaran de un lado al otro. Sin esa comunicación, cada hemisferio quedaba aislado, y por primera vez pudo verse qué resolvía cada uno por su cuenta.

Sperry recibió por este trabajo el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1981, que compartió ese año con dos investigadores de la visión, David Hubel y Torsten Wiesel. Conviene precisarlo porque se repite mucho lo contrario: Gazzaniga, su colaborador más conocido y quien más ha divulgado estos hallazgos, nunca recibió el Nobel.

💡 En otras palabras

Durante más de un siglo los médicos observaron algo cierto: cuando alguien pierde el habla por una lesión cerebral, casi siempre la lesión está en el lado izquierdo. Y cuando a un paciente se le cortaba el cable que une los dos lados, cada lado se las arreglaba con tareas distintas.

Hasta aquí, ciencia sólida y comprobada. El problema no fue lo que se observó. Fue lo que se dedujo después.

✴️ Dato curioso

El paciente de Broca se llamaba Louis Victor Leborgne, pero pasó a la historia con el apodo de «Tan», porque «tan» era la única sílaba que conseguía pronunciar. Broca no troceó su cerebro: lo conservó entero en alcohol, convencido de que algún día habría técnicas mejores para examinarlo.

Tenía razón. El cerebro de Leborgne sigue guardado en París y, más de siglo y medio después, se le han practicado resonancias magnéticas que revelaron que la lesión era bastante mayor y más profunda de lo que Broca pudo ver a simple vista.

⚠️ 2. El salto en falso: de un puñado de pacientes a una teoría de la personalidad

¿En qué momento exacto se rompió el razonamiento?

No en los datos, sino en la extrapolación. Se pasó de esta afirmación: «en un cerebro al que se le ha cortado la comunicación interna, cada mitad resuelve tareas diferentes», a esta otra: «en cualquier persona sana, una mitad manda sobre la otra y eso determina cómo es y cómo aprende».

Son dos frases completamente distintas. La primera es una observación quirúrgica sobre un grupo reducido de pacientes excepcionales. La segunda es una teoría de la personalidad sin ningún dato detrás.

Piénsalo con un coche. El intermitente izquierdo y el derecho hacen cosas distintas: eso es verdad y se comprueba en cualquier aparcamiento. Pero de ahí no se sigue que existan «coches de intermitente izquierdo» —serios, formales, que giran siempre a la izquierda— y «coches de intermitente derecho», más creativos. Los dos intermitentes están en el mismo coche, alimentados por el mismo circuito, y el coche va donde lo lleva el conductor.

💡 En otras palabras

Que dos zonas del cerebro se ocupen de tareas distintas no significa que una de ellas gobierne tu forma de ser. Especialización no es lo mismo que dominancia.

El hígado y los riñones también hacen cosas muy distintas, y a nadie se le ocurre decir que hay «personas de hígado» y «personas de riñón».

✴️ Dato curioso

¿Y los zurdos? ¿Tienen el lenguaje al otro lado? Casi nunca. Se midió el flujo sanguíneo cerebral de 326 personas sanas mientras generaban palabras, y entre los diestros más marcados solo el 4 % tenía el lenguaje alojado en el hemisferio derecho.

Entre los zurdos más marcados la cifra sube, sí, pero solo hasta el 27 %: casi tres de cada cuatro zurdos tienen el lenguaje en el hemisferio izquierdo, exactamente igual que la mayoría de diestros. Los autores llegaron a dejar una fórmula para estimarlo: probabilidad de dominancia derecha (%) = 15 % − lateralidad manual (%) / 10 (Knecht et al., 2000).

📊 3. El estudio que lo midió de verdad: Nielsen et al. (2013)

¿Y si en lugar de discutirlo alguien se tomara la molestia de medirlo? Eso hizo un equipo de la Universidad de Utah.

Qué hicieron

  • Reunieron imágenes cerebrales de 1.011 personas de entre siete y veintinueve años, procedentes de bases de datos de acceso abierto.
  • Usaron resonancia magnética funcional en estado de reposo. En lugar de mandar tareas, se registra el cerebro mientras la persona no hace nada concreto y se observa qué zonas se activan y se desactivan a la vez, de forma espontánea. Es mirar el tráfico de fondo en lugar de la hora punta.
  • Dividieron toda la sustancia gris en 7.266 regiones diminutas y calcularon, una por una, la fuerza de su conexión con todas las demás.

Qué encontraron

  1. No existe el perfil «cerebro izquierdo» ni el perfil «cerebro derecho». Ni una sola de las 1.011 personas mostró una red globalmente más conectada en un hemisferio que en el otro. El fenotipo que sostiene el mito, sencillamente, no apareció.
  2. La lateralización es local, no global. Sí aparecieron nodos claramente lateralizados: nueve con predominio izquierdo (regiones de la red por defecto y las áreas clásicas del lenguaje, Broca y Wernicke) y once con predominio derecho (regiones de la red de control atencional, como el surco intraparietal lateral, la ínsula anterior, el área MT y los campos oculares frontales).
  3. Tener un nodo muy lateralizado no arrastra al resto. Que el lenguaje de una persona estuviera fuertemente desplazado a la izquierda no predecía absolutamente nada sobre la lateralización del resto de su cerebro.
💡 En otras palabras

Imagina una ciudad de mil barrios. Es verdad que el mercado central está en el lado oeste y la estación de autobuses en el lado este: hay funciones que tienen dirección fija.

Lo que el estudio buscaba era otra cosa: personas cuya ciudad entera tuviera el oeste más transitado que el este, en todos los barrios a la vez. No encontraron ninguna. Ni una entre mil once.

Y algo más: que a ti el mercado te caiga al oeste no dice nada sobre dónde te cae la estación. Cada función se coloca por su cuenta.

✴️ Dato curioso

El cuerpo calloso, la estructura que seccionaban en los pacientes de Sperry, contiene del orden de doscientos millones de fibras nerviosas que cruzan de un hemisferio al otro (Aboitiz et al., 1992).

Es decir: mientras el mito imagina dos cerebros compitiendo, la anatomía muestra doscientos millones de cables dedicados exclusivamente a que los dos lados hablen entre sí sin parar. Si de verdad fuésemos «de un hemisferio», sería la infraestructura peor amortizada del cuerpo humano.

🧭 4. Qué NO dice este estudio

Un estudio potente también se defiende marcando sus límites. Estas cinco reservas evitan que pasemos de un mito a otro:

  • No dice que los dos hemisferios sean iguales ni intercambiables. La asimetría funcional existe y está bien establecida.
  • No dice que la lateralización sea irrelevante. En cirugía de la epilepsia, en el pronóstico de una afasia o en la valoración prequirúrgica de un tumor, saber dónde está el lenguaje sigue siendo información crítica.
  • No midió personalidad, ni creatividad, ni estilo de aprendizaje. Midió conectividad en reposo. Lo que demuestra es que el supuesto sustrato cerebral del mito no existe, no que se hayan aplicado tests de creatividad y hayan salido empatados.
  • No habla de adultos mayores. La muestra llega hasta los veintinueve años (media de 18,3 años), así que no permite conclusiones sobre el envejecimiento.
  • El reposo no es la tarea. La conectividad espontánea retrata bien la arquitectura de fondo, pero no equivale punto por punto a lo que ocurre mientras alguien lee, calcula o traduce.

✨ 5. Lo que dice hoy la neurociencia, función por función

¿Qué sustituye entonces a la dicotomía? Una idea menos vistosa pero mucho más útil: redes distribuidas que colaboran, con especializaciones locales y flexibles.

Función cognitiva Lo que dice el mito Lo que dice la neurociencia
Lectura y lenguaje «El izquierdo lee, el derecho dibuja.» La decodificación fonológica y el reconocimiento visual de palabras muestran una clara dominancia izquierda (Dehaene, 2009; Price, 2012). Pero la comprensión global, la prosodia, la inferencia y la metáfora exigen interacción bilateral continua (Vigneau et al., 2011).
Creatividad «Es cosa exclusiva del hemisferio derecho.» La capacidad creativa se predice a partir de la conexión coordinada entre la red por defecto, la red ejecutiva y la red de saliencia, distribuidas en ambos hemisferios (Beaty et al., 2018).
Bilingüismo «Un idioma en cada hemisferio.» Las dos lenguas comparten un mismo sistema de control, cortical y subcortical (cingulado anterior dorsal, prefrontal izquierdo, núcleo caudado izquierdo, lóbulos parietales inferiores). Lo que cambia al alternar idiomas no es de hemisferio, sino de nivel de control inhibitorio (Abutalebi y Green, 2016).
Organización cerebral División binaria: izquierda contra derecha. La corteza se organiza a lo largo de gradientes continuos, desde las áreas sensoriales primarias hasta las áreas transmodales de orden superior. El eje principal no es la línea media (Margulies et al., 2016).
💡 En otras palabras

El cerebro no funciona como dos jefes que se reparten el trabajo. Funciona como un equipo con especialistas.

Al leer en voz alta, por ejemplo, hay zonas izquierdas que se encargan de convertir letras en sonidos con precisión, y zonas de los dos lados que se ocupan de la entonación, del doble sentido y de entender para qué te están contando eso. Todo a la vez, en el mismo cerebro, en milisegundos.

📖 6. Por qué esto importa tanto en lectoescritura

¿Puede un neuromito perjudicar el aprendizaje de la lectura? Sí, y por una vía muy concreta: cambia lo que se enseña.

Si alguien cree que «el izquierdo lee y el derecho imagina», acabará tratando la decodificación y la comprensión como dos asignaturas separadas, y con frecuencia rivales: o fonética o disfrute lector. La evidencia dice lo contrario. La decodificación fonológica y el reconocimiento visual de las palabras se apoyan en circuitos marcadamente izquierdos (Dehaene, 2009; Price, 2012), mientras que la comprensión, la prosodia, la inferencia y el lenguaje figurado reclutan también el hemisferio derecho de forma sistemática (Vigneau et al., 2011). No son dos caminos: son dos tramos del mismo camino.

Esto tiene una consecuencia práctica inmediata para la intervención logopédica. En el trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) es habitual encontrar a un niño que decodifica de forma aceptable y aun así no entiende lo que lee, porque falla en la inferencia y en el lenguaje figurado. Tratar eso como un problema de «hemisferio» no conduce a ninguna parte; tratarlo como lo que es —comprensión que hay que enseñar de forma explícita— sí.

✴️ Dato curioso

La escritura tiene poco más de cinco mil años. En términos evolutivos, eso es anteayer: no ha habido tiempo material para que aparezca un «área de la lectura» por selección natural, y no existe ningún gen de leer.

Lo que ocurre es que el cerebro recicla. Al aprender a leer, un trocito muy concreto de la corteza occipitotemporal izquierda, que en origen servía para reconocer objetos y formas, se reconvierte en un detector especializado de palabras escritas. Se lo conoce como el área de la forma visual de las palabras, y aparece en el mismo lugar tanto si lees en español como en inglés, en hebreo o en chino (Dehaene, 2009).

🌐 7. Y en bilingüismo: ¿un idioma en cada hemisferio?

Es una de las versiones más extendidas del mito entre las familias de programas de inmersión dual, y es falsa.

Las dos lenguas de una persona bilingüe no viven en hemisferios distintos: comparten un mismo sistema de control, con componentes corticales y subcorticales —cingulado anterior dorsal, corteza prefrontal izquierda, núcleo caudado izquierdo y lóbulos parietales inferiores— que se encarga de seleccionar una lengua e inhibir la otra según el contexto (Abutalebi y Green, 2016). Cuando un niño cambia del español al inglés a mitad de frase no está cambiando de hemisferio: está ejecutando una operación de control ejecutivo, y la está ejecutando muchísimas veces al día.

💡 En otras palabras

Tus dos idiomas no están guardados en dos cajones separados, uno a cada lado de la cabeza. Están en el mismo armario, y lo que tu cerebro entrena cada vez que eliges uno es al encargado de decidir qué sacas y qué dejas dentro.

Por eso ser bilingüe no es «usar medio cerebro para cada lengua». Es hacer ejercicio con el portero del armario, muchas veces al día, durante años.

🎯 8. Qué hacer el lunes: aula, consulta y familias

Perpetuar los supuestos «estilos de aprendizaje hemisféricos» no solo carece de base: encasilla. Etiquetas como «no soy creativo, soy de ciencias» o «las matemáticas no son lo mío, yo soy de letras» funcionan como profecías que se cumplen solas. Cuatro cambios concretos:

Integra en lugar de separar

Diseña actividades que exijan las dos cosas a la vez. En lectura comprensiva, combina la decodificación precisa con una dramatización, un dibujo o una reformulación que obligue al alumno a construir la inferencia y la entonación del texto. No es «primero la técnica y luego el disfrute»: es lo mismo, en la misma sesión.

Retira las etiquetas deterministas

Nunca digas a un alumno ni a una familia que un niño «es de cerebro izquierdo». Sustitúyelo por lenguaje de red y de plasticidad: «tu cerebro trabaja como una red completa; cuanto más conectemos formas distintas de pensar, más fuertes se hacen todas tus conexiones». Es más verdadero y, además, abre puertas en vez de cerrarlas.

Explica el bilingüismo como control, no como reparto

En contextos de inmersión dual (español e inglés, español y catalán), cuenta a las familias que alternar lenguas no es «cambiar de hemisferio», sino entrenar el control ejecutivo y la conectividad de toda la red. De paso, desactiva el miedo, todavía frecuente, a que dos idiomas «se estorben».

Enseña la metáfora de forma explícita

Dado que el lenguaje figurado exige colaboración bilateral y no se adquiere solo, trabaja el sentido literal y el figurado de forma conjunta y explícita, especialmente en intervención con TDL y en alumnado que aprende en su segunda lengua.

💡 En otras palabras

Resumido para la reunión de claustro del lunes: deja de clasificar niños por hemisferios y empieza a pedirles tareas que obliguen al cerebro a coordinarse.

La frase que sustituye al mito cabe en una línea: no hay alumnos de hemisferio izquierdo ni de hemisferio derecho; hay redes que se entrenan.

🧩 Resumiendo

El mito del cerebro izquierdo y el cerebro derecho no sobrevive porque sea convincente, sino porque es cómodo. Ofrece una explicación instantánea para algo tan complejo como por qué a cada persona se le da bien una cosa distinta, y además lo hace con un vocabulario que suena científico.

Pero cuando se mide —mil once cerebros, 7.266 regiones, una por una— el fenotipo desaparece. Lo que queda es un cerebro con especializaciones locales reales y doscientos millones de fibras dedicadas a que los dos lados no dejen de hablarse ni un segundo.

Para quien enseña a leer o interviene sobre el lenguaje, esa diferencia no es un matiz académico. Es la diferencia entre clasificar a un alumno y enseñarle.

📚 Referencias (APA 7.ª ed.)

Aboitiz, F., Scheibel, A. B., Fisher, R. S., y Zaidel, E. (1992). Fiber composition of the human corpus callosum. Brain Research, 598(1–2), 143–153. https://doi.org/10.1016/0006-8993(92)90178-C

Abutalebi, J., y Green, D. W. (2016). Neuroimaging of language control in bilinguals: Neural adaptation and reserve. Bilingualism: Language and Cognition, 19(4), 689–698. https://doi.org/10.1017/S1366728916000225

Beaty, R. E., Kenett, Y. N., Christensen, A. P., Rosenberg, M. D., Benedek, M., Chen, Q., Fink, A., Qiu, J., Kwapil, T. R., Kane, M. J., y Silvia, P. J. (2018). Robust prediction of individual creative ability from brain functional connectivity. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(5), 1087–1092. https://doi.org/10.1073/pnas.1713532115

Dehaene, S. (2009). Reading in the brain: The new science of how we read. Viking.

Dekker, S., Lee, N. C., Howard-Jones, P., y Jolles, J. (2012). Neuromyths in education: Prevalence and predictors of misconceptions among teachers. Frontiers in Psychology, 3, Artículo 429. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2012.00429

Knecht, S., Dräger, B., Deppe, M., Bobe, L., Lohmann, H., Flöel, A., Ringelstein, E.-B., y Henningsen, H. (2000). Handedness and hemispheric language dominance in healthy humans. Brain, 123(12), 2512–2518. https://doi.org/10.1093/brain/123.12.2512

Margulies, D. S., Ghosh, S. S., Goulas, A., Falkiewicz, M., Huntenburg, J. M., Langs, G., Bezgin, G., Eickhoff, S. B., Castellanos, F. X., Petrides, M., Jefferies, E., y Smallwood, J. (2016). Situating the default-mode network along a principal gradient of macroscale cortical organization. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(44), 12574–12579. https://doi.org/10.1073/pnas.1608282113

Nielsen, J. A., Zielinski, B. A., Ferguson, M. A., Lainhart, J. E., y Anderson, J. S. (2013). An evaluation of the left-brain vs. right-brain hypothesis with resting state functional connectivity magnetic resonance imaging. PLoS ONE, 8(8), Artículo e71275. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0071275

Price, C. J. (2012). A review and synthesis of the first 20 years of PET and fMRI studies of heard speech, spoken language and reading. NeuroImage, 62(2), 816–847. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2012.04.062

Vigneau, M., Beaucousin, V., Hervé, P.-Y., Jobard, G., Petit, L., Crivello, F., Mellet, E., Zago, L., Mazoyer, B., y Tzourio-Mazoyer, N. (2011). What is right-hemisphere contribution to phonological, lexico-semantic, and sentence processing? Insights from a meta-analysis. NeuroImage, 54(1), 577–593. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2010.07.036

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